El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Archivos por Etiqueta: ensayo

Detener el tiempo es pausar el mundo. CASHBACK: Ensueños de Hipermercado

Dirección y guión: Sean Ellis.
País:
Reino Unido.
Año: 2006.
Duración: 102 min.
Género: Comedia dramática.
Producción: Lene Bausager y Sean Ellis.
Música: Guy Farley.
Fotografía:
Angus Hudson.

¿Alguna vez has imaginado que las horas pasan y que las veinticuatro horas del día se hacen más largas? Tentativamente usamos un tercio de esas horas para dormir, para darle paso al inconsciente que, a veces, hace que el consciente sueñe. ¿Qué pasa si dejas de usar esas ocho horas dedicadas al reposo del cuerpo y de la mente, en las que duermes y te desconectas del mundo concreto, donde la temporalidad depende de ese momento imperceptible en el que cierras los ojos, y es oscuro, y al abrirlos ya es de día? Siempre he pensado que dormir es perder mucho tiempo pero ¿qué se puede hacer con las horas en las que se duerme, llegado el caso en el que ya no se duerman, si ya estamos habituados a vivir despiertos aproximadamente dieciséis horas del día?
Ben Willis es un estudiante de artes, quien recibe un impacto emocional al terminar su relación amorosa con Suzy. Ben comienza a sufrir de insomnio y en el tiempo en el que permanece despierto se hace constantemente la pregunta sobre ¿qué es el amor? Y siendo consciente de su falta de sueño, comienza, en un monologo constante, una disertación sobre el tiempo, sobre la temporalidad y la duración de los momentos, no de las cosas sino de los acontecimientos.

Algunas noches Ben recuerda a Suzy y en cada recuerdo su mente realiza un Flash-back mientras piensa: “allí estaba parada cuando le dije: lo siento no creo que pueda hacerte feliz, tal vez debamos separarnos.” Son las 4:08 de la mañana, Ben está estupefacto y sólo han pasado 3 minutos y para él, incluso para el observador atento, parece que hubieran pasado unas horas, pero realmente son las 4:11 de la mañana y él no puede dormir, quizá porque no ha pasado un día entero desde la ruptura de su relación con Suzy.

He sentido cierta fascinación por las fotografías; es como si ellas congelaran fracciones de segundos que posteriormente evocarán el recuerdo de momentos vividos, en Cashback las fotografías que acompañan la primera noche de insomnio de Ben, representan, justamente, a esa idea del tiempo congelado, la posibilidad del recuerdo que llega y que es posible quemar cuando ya no se quiere recordar más, mientras las miraba se daba cuenta de que tenía ocho horas más, ocho horas de tiempo libre, en las que leyó todos los libros que nunca había leído por falta de tiempo e incluso releyó sus favoritos, pensaba que su vida se había extendido en un tercio, como si dormir implicara dejar de vivir por el periodo que dura el sueño, él quería que el tiempo pasara rápido pero estaba obligado a contemplar el paso de cada segundo, de cada hora, quería que desapareciera el dolor que sentía, pero, en una jugarreta cruel de los eventos, ahora tenía más tiempo. Más tiempo para pensar en Suzy.

Ben empieza a sentir la necesidad de utilizar el tiempo que le “sobra” y mientras busca la forma de hacer que los minutos pasen rápido, llega a un hipermercado a comprar algunos dulces y pasa bocas, en un letrero, cerca de una de las cajas registradoras se solicitaba personal para trabajar en horario nocturno, justo el tiempo que le sobra, así que comienza a trabajar de noche en Sainsbury´s. Él concluye, sobre su nueva manera de entretener el tiempo, que en las noches en que la gente normal suele dormir él estaría ocupado capitalizando su tiempo. Él les daría las ocho horas que le sobran y ellos le pagarían, negocio redondo.

En los diálogos o en los monólogos de la narrativa que presenta el filme es imperecedera la idea de tiempo, en este caso se nos presenta esa idea de un tiempo laboral, que está inmerso entre las convenciones sociales sobre el tiempo, sobre el reloj e incluso sobre el calendario, es decir: todo ser humano, que pertenece a un grupo social, dedica una fracción del día para trabajar, esta fracción temporal está, a la vez, determinada por un horario, según lo establecido por los relojes, ocho horas es la duración de una jornada normal de trabajo, tiempo que en este caso le sobra a Ben y quien de manera muy bella nos dice que lo capitalizará, esto es una muestra de que el tiempo tiene precio y no es gratuito que en el argot popular se escuche la expresión “el tiempo es oro”. De acuerdo a esto el calendario tienen su importancia en la determinación de los días de trabajo y los días de fiesta, además, con el calendario se logra prever la cantidad de semanas que han trascurrido desde que Ben Willis ha dejado de dormir, cuatro semanas en total, sería imposible saber con exactitud que son cuatro semanas si no existiera el calendario.

Otra idea que nos presenta el filme es cuando Ben, trabajando en Sainsbury´s, nos explica cómo se puede soportar un turno laboral de ocho horas. La concepción que surge acá es posible relacionarla con la pluralidad de la significación del tiempo, es decir, todos los seres vivos tenemos una noción, una acepción diferente del tiempo y como tal tenemos una forma particular de vivir en ese tiempo. Ben Willis dice que soportar un turo de 8 horas es todo un arte. El arte de abstraerte mientras los segundos pasan lentamente. Descubrí que todos los que trabajan aquí han perfeccionado su técnica individual. Sharon Pintey conoce la regla numero 1: el reloj es tu enemigo. La regla básica es la siguiente: cuanto más miras el reloj, más lentamente pasa el tiempo.

Es evidente que el tiempo, aunque abstracto, está ligado a la medida que de él se hace con los relojes, pero también queda esa sensación que permite ver el tiempo como una idea individual, en la medida en que cada persona lo entiende, lo vive y lo siente y que, a la vez, nutre esa idea de tiempo colectivo.

Para Ben la ausencia de Suzy ha significado la entrada en un estado de delirio y cordura, de ensoñación, de anhelo y de espera, quizá por ello es que han pasado muchos días sin que él pueda dormir; al separarse de ella quedó con la sensación de que el tiempo era irreal, vagaba entre la imaginación y la realidad, entre el pasado y el presente, cada vez con más facilidad. La idea de tiempo siempre la hemos contemplado en una sola dirección, algo lineal que se enmarca en el tránsito de un pasado, un presente y un futuro, en este diálogo de Ben Willis es posible rastrear una idea de tiempo un tanto confusa, donde se le otorga esa cualidad de constructo abstracto, donde se evidencia, además, esa confusión entre la idea de linealidad del tiempo y la acepción de algo irreal, algo abstracto, como mencioné con antelación.

En el diálogo que sigue es posible percibir esa reflexión que nos lleva a seguir pensando el tiempo desde una pluralidad de acepciones, él dice: siento cómo las ráfagas del tiempo van pasando lentamente. La manipulación del tiempo no es una ciencia precisa como cualquier arte, es algo personal. ¿y cuál es mi técnica para que mi turno transcurra tan rápido? Me imagino lo opuesto. Que el tiempo se detiene. En este mundo detenido, puedo caminar libre, inadvertido. Nadie notaría siquiera que el tiempo se detuvo y cuando retomara su ritmo habitual, la unión seria invisible, excepto por un leve estremecimiento, una sensación similar a la de alguien caminando sobre tu tumba, ese momento en que ves a alguien por la calle… que es tan hermosa que no puedes quitar la mirada, imaginen, como hago yo que, con el mundo pausado resulta muy sencillo comprender el concepto de belleza, tenerlo congelado ante ti, no consciente de ello.

Éste es quizás uno de los diálogos más extensos sobre el tiempo, acá es posible pensar en la posibilidad de detener el tiempo, ¿será posible que si detenemos el tiempo, todo lo que se mueve también se detendrá? Es tal vez una idea muy de la ciencia, de la física de los cuerpos, pero si todo se detiene y yo sigo en movimiento, entonces, existe un tiempo que aun no se ha detenido, el tiempo en el que vivo como individuo, es decir, soy capaz de manipular el tiempo, hipotéticamente, de detenerlo o de acelerarlo, pero si logro que él se detenga y como consecuencia de ello el movimiento de las cosas y de los demás seres también lo hacen, pero yo sigo en movimiento, entonces, existe un tiempo que no pertenece al tiempo colectivo, que he logrado detener, sino que pertenece a mi individualidad como sujeto ¿y si en la inmovilidad de los otros existe otro que se puede mover como yo y que vive a la vez el tiempo móvil que vivo yo, es posible concebir una nueva idea sobre lo que es el tiempo?

En su cotidianidad nocturna Ben Willis conoce a una serie de personajes totalmente excéntricos. Con el paso de las noches que se encierran en la aburrida vida entre los pasillos del hipermercado Ben se dedica a pausar el tiempo y se la pasa dibujando y pintando mujeres que hermosamente quedaban al descubierto entre el stand de las frutas, las carnes frías y los cosméticos. Allí se enamora nuevamente de una de sus compañeras de trabajo: la silenciosa Sharon, que unas líneas atrás sólo la había mencionado. Sharon desea aprender español para viajar por Sudamérica porque siente que se le va la vida segundo a segundo, porque cree que necesita hacer algo diferente, porque está añorando un futuro mejor, un futuro dotado de progreso, una vida plagada de ideas modernas, de querer ir más allá de lo que tienen en el ahora. Mientras Willis observa a Sharon piensa: quería congelar el tiempo, quería saborear ese momento, vivir en ese momento por una semana. Pero no podía detenerlo, sólo hacerlo más lento. Cuando quise darme cuenta se había ido. Cuando la puerta se cerró, me sentí absolutamente solo.

Preguntarse por el tiempo, necesariamente, es preguntarse por la muerte y por la existencia, por el fin de las cosas y por el principio de ellas ¿será que si muero ahora el tiempo también morirá? ¿Qué tipo de tiempo es el que muere sabiendo que los otros quedan vivos con sus tiempos particulares? A veces me pregunto cómo sería vivir el resto de mi vida con el mundo en pausa. Vivir el resto de mi vida entre dos fracciones de un segundo. Morir viejo y hacer que el tiempo siga su curso. El yo joven desaparece y un viejo muerto en mi lugar.

Hasta acá es una idea un tanto metafísica sobre el tiempo, tiempo detenido en el que no se detiene el tiempo interior de quien lo detiene y, por lo tanto, en la quietud de un mundo pausado sólo él puede envejecer y morir mientras los otros siguen vivos y conservando la juventud con la que los sorprendió la pausa. Es como si viajaras a la velocidad de la luz, pero a la inversa, todos envejecen menos tu. El tiempo es entonces una preocupación humana por la vejez y por la muerte, así cada hombre y cada mujer, para quienes es importante la cuestión del tiempo, se piensan en la duración de las cosas.

El tedio de la espera, de la angustia y de la tristeza acompañan a nuestro personaje, yo observo con detenimiento el filme, que dura noventa minutos y en el que han transcurrido cuatro semanas para Ben (quizás más), él aún piensa en Suzy pero no con la fuerza de antes porque ya sus pensamientos están concentrados en Sharon Pintey su compañera de trabajo a quien dibuja y pinta cada que pausaba su mundo. Ben llega a una conclusión casi profética cuando nos dice: Las ocho horas de más en mi vida no aquietaron el efecto del tiempo. Los minutos se volvían horas, las horas días y los días se sumergían en el río rápido del tiempo. La mala noticia es que el tiempo vuela. La buena noticia es que tú eres el piloto. (…) Puedes acelerarlo, puedes hacerlo más lento, hasta puedes congelarlo un momento pero no puedes retroceder el tiempo. No puedes volver atrás lo que está hecho.

Pensar en el tiempo se ha vuelto, quizás, una manera de matarlo. En Cashback es posible encontrar diferentes concepciones de lo que es el tiempo, englobadas en una idea puramente psicológica. Allí nos tropezamos con una visión enmarcada desde lo social, desde lo que significa el tiempo para los colectivos y a la vez, como lo dije antes, lo que significa para la individualidad de cada sujeto, ilustrado no sólo en Ben Willis sino también en cada uno de los personajes excéntricos que habitan las noches de Sainsbury´s, también contamos con una idea de tiempo, me atrevo a pensar, muy científica, tal vez, relativista.

Algo que me parece importante para resaltar es esa relación que se teje entre el arte y el tiempo, relación que se ve de manera más explícita cuando Ben Willis está en la presentación de su propuesta artística la cual titula “second frozen” o “segundo congelado”, esta obra podría representar lo que significa un obra de arte en la que están vinculadas las personas y las cosas. Una pintura, un oleo, un dibujo, una fotografía e incluso una escultura son sólo un segundo congelado, en la realidad no podemos detener el tiempo porque a ciencia cierta no sabemos lo que es, ni su relacionamos con el movimiento, con la respiración y con la vida misma y por ello detener el tiempo, desde la perspectiva de Cashback, es pausar el mundo. Son muchos los interrogantes que pueden surgir de este filme, con relación al tiempo, pero creo que daría vueltas sobre el mismo asunto que ya he mencionado en estas líneas. Por ahora sólo me gusta pensar que el tiempo es el ritmo de las cosas.

El Corazón; ese cliché de los enamorados

Siento que el corazón es ingrato y acumula tumbas en la juventud que luego olvida. Al principio las riega de amor, de besos, de lágrimas, de flores. Y luego de indiferencia.

Gonzalo Arango


A Ángela Uribe por generarme la inquietud sobre el corazón. Y a Laura María por ayudarme a desentrañar mi corazón.

Existe una palabra, más que un órgano humano es una palabra que caracteriza cualquier estado de ánimo con sólo ser llevada en una oración gramatical: el corazón. Yo lo llamo el coleccionista de pulsiones porque cada pulsión depende del hombre o de la mujer que lo lleve puesto, porque representan una sensación, un pensamiento, un dolor, representan incluso a la naturaleza misma del alma. El corazón ese cliché del amor y de los enamorados, vocablo y profesión de los cardiólogos, tinta de los poetas, guitarra de los cantores y pasión del dramaturgo sobre las tablas, no digo de todos, sólo de algunos.

Ese corazón delator de ruido sordo, ahogado y continuo, semejante al producido por el tic-tac de un reloj envuelto en algodones[1] tiene una relación intrínseca con la razón, con el otro y con el amor que se limitan al inferir absurdo de dos personas formando una sola razón, una co-razón. Co tiene como acepción la del prefijo que significa reunión y coetáneo, y la razón está ligada al orden, al entendimiento y a los argumentos.

La co-razón puede ser ese orden sincrónico, ese saber argumentativo que se elabora entre pares, quizá el amor de los enamorados, cuna de lo irracional, y el desamor que les produce el tiempo ¿Qué diferencia pueden albergar el corazón y la co-razón? A simple vista sería una diferencia gramatical o lingüística, pero creo que su diferencia está en el uso, es decir: el primero es el órgano que galopa entre los ojos y la sangre y la segunda es el sentimiento que nace entre las pieles, entre los ojos, entre los sexos y las voces, y que, convencionalmente, se representa y se nombra con el órgano de pulsiones: el corazón. Ambos son el juicio y el afecto y juntos son un absurdo lógico e inmaterial.

Es muy común escuchar expresiones como: Te amo –o te quiero- con el …, me duele el …, me flechaste el …, me has partido el …, eres mi corazón (en otras palabras sería: ambos somos una co-razón) etc. Son frases que continuamente fortalecen ese cliché discursivo de los amantes. El corazón ha dejado de ser un órgano vital para ser la muletilla articuladora entre las palabras, el alma y los sentimientos entre personas. Constantemente hacemos alusión a la co-razón pero preferimos, por comodidad, hablar del corazón como si ambos fueran lo mismo, claro está que uno de ellos representa lo material y el otro lo inmaterial.

Desde lo literario ha sido usado como adjetivo e incluso como sustantivo para referirse no al órgano sino a lugares, a sentimientos y a caracterizaciones de espacios y momentos que evocan, a mí parecer, altos grados de nostalgia, incluso se le ha dado una vida independiente del resto del cuerpo humano, por ejemplo: El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo[2] dice Gonzalo Arango, William Blake afirma que el corazón es lo único patético del ser humano, pues la cabeza es sublime y los genitales encierran la belleza[3], de igual forma Blake caracteriza a la crueldad al decir que ésta tiene corazón humano[4], en la novela de Joseph Conrad, el corazón de las tinieblas, Kurtz al ser alejado de la selva grita con fervor: Todavía te arrancaré el corazón[5]. En la literatura nos encontraremos con grandes expresiones que convocan a este filatelista de pulsiones a una existencia única y que le otorgan una vida disímil a la del resto de los organismo, es como si éste pudiera vivir por sí solo, lo mismo le ocurre en la música, en el cine, en el arte, entre otros, su significación ha trascendido y se ha pluralizado.

Corazón en silencio es muerte.
Corazón que simulas
el andar de un potro encabritado en la sabana;
orgasmo de pieles en las sábanas [6].

La sístole y la diástole procesan el amor y el odio, además de otros sentimientos en el tránsito de estos dos. Setenta veces por minuto habla el corazón, a veces más a veces menos, empieza bajo tierra, pero acaba en tus labios y en los míos dice Juarroz. No quiero un galopar sin rumbo, ni una bomba de tiempo en mi caja torácica, no quiero un sabor amargo ni la necesidad de otro palpitar, aunque este último sea inevitable, sólo quiero un bandoneón solitario al compás de cada latir, un bongó rítmico que me aboque a la vida, a la verdadera vida, que mi pulsión sanguínea no se confunda con mi tánatos pero que sí se mezcle con el sentir de un saxofón sobre el cuerpo desnudo de una mujer amante.

Corazón coraza[7], ya no eres tú, ya no eres lo que la creación y el nacimiento te delegaron en el primer latido, ya eres más que toda tu naturaleza, eres verbo y amor, eres sexo y dolor, eres el centro de la selva más virgen y la muletilla del amor insomne, eres la excusa del cariño y el cliché de los enamorados.

Referentes bibliográficos
[1] E. A. Poe. El corazón delator
[2] G. Arango. Medellín a solas contigo
[3] W. Blake. Proverbios del infierno
[4] W. Blake. Una Imagen divina.
[5] Joseph Conrad. El corazon de las tienieblas.
[6] Benjamín Quintanilla. El corazón galopante
[7] M. Benedetti.Corazón coraza

No es fumar por fumar…

“Enciendo un cigarrillo mientras pienso en escribirlos y en el cigarrillo saboreo la liberación de todos los pensamientos”

Fernando Pessoa

Hace días que leo “Puro Humo” de Cabrera Infante, hace días que pienso en el tabaco y en el sabor que buscan mi boca cada que recuerdo esos pequeños Puros que fumaba en la casa de mi amigo Luis Fernando; pienso en los cigarrillos que he besado ambicionando sus almas, pienso en el humo que se escapa de mi boca al ritmo de la respiración, me pregunto incluso ¿por qué fumo? ¿Para qué fumo? ¿Qué tiene de genial ese acto al que llaman fumar?

Con Cabrera Infante he descubierto un poco sobre el origen de ese ejercicio que es fumar, desde el descubrimiento de los “hombres-chimenea” por Rodrigo de Xeres, quien moriría por culpa del tabaco (no fue el cáncer, fue la iglesia cristiana y su mujer devota quienes lo mataron por creer que el acto de fumar era un asunto de hechicería o del demonio) pasando por la etiología y la etimología de todo el proceso de elaboración de los “puros” en Cuba y el surgimiento del cigarrillo, además de la manera en que se reprodujo en el mundo entero.

Más aún, Sin el tabaco sabríamos de cierto lo que es el amor y acaso incluso el significado de la melancolía (Cabrera Infante, 1985). De algo sí estoy seguro y está relacionado con la cita anterior, fumar tiene alguna relación con la melancolía, más exactamente con la saudade, esto no quiere decir que no se disfrute un cigarrillo en reuniones o que un cigarrillo no se puede fumar después de hacer el amor, pues el tabaco como tal tiene una connotación social, nace desde lo social y es tan viejo en el nuevo mundo como las palabras. Sólo que se disfruta más en silencio y en soledad.

El tabaco es un elemento que convoca al silencio, a la observación del humo, a la reflexión sobre las figuras fractales que forma este coloide, reflexión que dura lo que demora en convertirse en cenizas el tabaco, después de fumar el éxtasis sella mis labios (Cabrera Infante, 1985). No es fumar por fumar, no es una moda ni un estilo de vida como dirían muchos, fumar es un acto entre el “Yo” y el “yo”, que se mezcla entre el encendido, la sensualidad de una bocanada de humo y el silencio de las palabras que navegan en el amargo de la nicotina y el alma coloidal del tabaco en la boca.

Fumar es un placer irremediable, casi absurdo, es encender un cigarrillo, un habano o un Puro en el mejor de los casos, porque un cigarrillo es una mujer y una mujer es una fuma.(…) un Puro es una mujer ¡una fuma divina!… (Cabrera Infante, 1985) y en la medida en que dejo salir el humo de este cigarrillo que fumo mientras leo a “Cabrera Infante” seguiré repitiendo que no es fumar por fumar… sólo eso.

Catarsis de iniciación literaria: Un pretexto para pensar la literatura infantil y juvenil

Los buenos libros son las mejores razones para leer

Harold Bloom

“Los cuentos pasaron a ser lectura de niños y mayores
y yo creó que ésa es la meta a que debe aspirar todo narrador de cuento”

Hans Christian Andersen

“Lo que quiero decir es que la educación es una cosa muy necesaria,
pero la literatura es realmente imprescindible”

Fernando Savater

Cuando era niño el acercamiento más directo que tuve con la literatura fue desde el libro: “Cuentos picarescos para niños de América Latina”, y llegué a él, no porque un adulto lo pusiera en mis manos, no porque la escuela lo propusiera en la lista de los textos a seguir; llegó a mis manos, porque la curiosidad que tenía era enorme, como la de cualquier niño, me gustaron sus ilustraciones sencillas, llamativas desde el color hasta la forma que tenían. Cuando este libro llegó a mis manos tenía cinco años, y apenas leía mi nombre y conocía la historia de “Rin Rin Renacuajo”, algunos cuentos de los hermanos Grimm y otros de Hans Christian Andersen. Lo encontré mientras buscaba entre los cuadernos de mi hermano unas hojas limpias y unos crayones con que dibujar; lo tomé en mis manos y como un pequeño ladrón me lo guardé.

Cuando ya tenía algunas nociones del abecedario y sus posibles combinaciones, emprendí el viaje hacia la lectura de este libro que atesoraba, como lo hacía con un par de canicas y un pequeño automóvil de fórmula uno con el que ganaba siempre que competía con Benjamín, Juan Ángel y María, mis amigos imaginarios, con este libro aprendí a tomar “sopa de piedras”, a escuchar como lo hacía “El tío conejo”, aprendí también que la semana tiene siete días y el último día es el “domingo siete”, en fin; no diré que gracias a este libro me convertí en buen lector, porque la verdad soy de los lectores descuidados, pero disfruto de las lecturas que hago.
Algunos años después, ya dominaba la lectura como cualquier niño de nueve años, ya me dedicaba a los video juegos, ya pensaba en tener novia aunque no supiera que significaba ese término, pues no conocía el amor más que el materno, ya resolvía ecuaciones aritméticas y dividía por tres cifras o resolvía escaleras [1], ya era todo un atleta, aunque nunca ganara las competencias.

En toda esta explosión de habilidades y destrezas seguía soñando, lo hacía porque aún leía, porque mi mayor hobby era visitar la biblioteca del barrio. Vivía entonces en una casa contigua a la calle principal por donde jugar era imposible, el flujo de carros era mortal hasta para un adulto. Todas las tardes después de hacer las tareas, le pedía permiso a mamá para ir a la biblioteca, ella me cruzaba la calle y me dejaba justo en la entrada de ésta.

Era pequeña y con una selección de libros muy puntuales, libros dedicados a las consultas que se nos imponían en la escuela y los libros divertidos eran pocos; mis favoritos eran los que estaban cargados de ilustraciones, tipo libro álbum. Era un seguidor de Mafalda y de las aventuras de Tintín, sé que estos no son considerados literatura, sino historietas, sin embargo, estos libros hacían que con el tiempo le tomara más cariño a la lectura.

Para los niños es quizá de gran importancia en sus primeros acercamientos a la literatura, los libros con gran cantidad de ilustraciones, libros coloridos que estimulen la visión, y de igual forma, la imaginación; así lo fue para mí.

Ahora se preguntarán: ¿A qué viene toda esta historia? La respuesta se da desde varias preguntas, las cuales no creo se puedan responder en este corto y pretencioso texto, pensemos entonces en ellas: ¿Cuál es la importancia de acercar a los niños a la lectura? ¿Cuál es la manera indicada de hacer de la lectura un hábito en los niños y jóvenes? ¿Cuáles son y no son los libros indicados para realizar un acercamiento a la literatura en ellos? ¿Cuál es la noción que tienen los niños y los jóvenes de los libros y la lectura?, podrían surgir una infinidad de preguntas al respecto, pero pensemos en esto: ¿A qué niño no le gusta una buena historia, una historia que lo lleve a soñar, a crear, a ser un actor más de ella e incluso que lo aboque a escribir su propia historia?

El primer acercamiento que tienen los niños con las historias, con los cuentos, viene desde el hogar, desde los viejos, desde los abuelos, desde los padres; no diré que en toda familia exista un contador de historias, pero en la mayoría de ellas hay, por lo menos, una persona que tiene mucho que contar.

Recordemos a Oscar Wilde quien en su bagaje de escritor era más reconocido por sus obras de teatro, novelas y relatos pero que mostró una gran pasión y revelo un excelente estilo literario en la serie de cuentos que escribió, los cuales se dice, fueron escritos para sus hijos y en los que hay impreso un rasgo biográfico, como es el caso de “El gigante egoísta”. Recordemos también la corta intervención de Julio Cortázar cuando escribió el “Discurso del oso” en 1952, que después fue incluido en el libro de Historia de Cronopios y de Famas, pensemos también en escritores que pensaron en la infancia y en la necesidad de ser leídos por un público más joven.

En Latinoamérica contamos con grandes autores que incursionaron en la literatura infantil como son: Rafael Pombo, José Martí “quien coloca a la literatura infantil al nivel de la mejor literatura de su época” [2], Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Carmen Lyra, Monteiro Lobato de quien se afirma es el iniciador de la literatura Infantil moderna en Brasil. Están también, Javier Villafañe con sus títeres, Marcela Paz y su hijo Pepelucho, Oscar Alfaro considerado el poeta de los niños, María Elena Walsh con quien se divide en dos la historia del arte para niños en su país.

Tenemos a Jairo Aníbal Niño quien se alejó de las artes plásticas para pensar en el teatro y la literatura infantil, recordemos también a Onelio Jorge Cardoso, a Ziraldo que se inició como escritor en la literatura infantil con su libro: “O menino maluquinho”, a Eisa Isabel Bornemann que se concibe como vocera de la infancia y como un despertador de conciencia en los adultos.

Ana María Machado, Lygia Bonjunga Nunes, Hernán Rodríguez Castelo, Marina Colasanti, Francisco Hinojosa, Gloria Cecilia Díaz, Ivar Da Coll e Irene Vasco.

Todos ellos son algunos de nuestros escritores latinoamericanos dedicados a contar historias a los más chicos; así como estos escritores encontraron su vocación, su redención y siguieron soñando compartiendo lo soñado con los niños e intentando que los jóvenes no olvidaran soñar por medio de sus textos e ilustraciones, por todo esto hagamos de la literatura una puerta de entrada que canalice toda esa curiosidad, esa inventiva de los más chicos para que puedan crear y pensar, y en esencia que la literatura genere curiosidad en los nuevos lectores, porque como lo dice Paulo Freire “la curiosidad es, junto con la conciencia del inacabamiento[3], el motor esencial del conocimiento[4]”.

Desde finales del siglo XX hasta estos días nos hemos encontrado con grandes ilustradores como Anthony Brown, Satoshi Kitamura, Tony Ross, David Mckee, Ian Falconer, entre otros y de grupos editoriales que tienen un amplio catálogo en literatura infantil y juvenil, tales como: Fondo de Cultura Económica de México, Editorial Norma, Alfaguara, OQO, Editorial Kalandraka, Everest internacional y muchas otras; también contamos con programas, proyectos e instituciones en Colombia que trabajan promoviendo la lectura, como: Comfenalco Antioquia (fomento de la lectura), Corporación Casa de las palabras, Corporación Rafael Pombo, Espantapájaros taller, fundación Ratón de biblioteca, Fundalectura, Taller de Letras, proyecto palabras para contar, entre otros.

En esta era las posibilidades de hacer que los niños se acerquen a la lectura son enormes, en mi infancia fueron pocas y se limitaban al puente que se construía entre las escuelas y las bibliotecas populares donde el material bibliográfico, en su mayoría, era de consulta general.

Que no existan pretextos para escuchar que los niños no están leyendo, que no están explotando su curiosidad y sus sueños, que no están imaginando y formando el pensamiento, que los adultos no se escuden detrás de los medios de comunicación (que están siendo mal empleados) para fomentar la lectura, sino que se conviertan en orientadores en el proceso de encuentro entre los libros, los niños y jóvenes y que los libros lleguen a las manos de éstos y que la lectura sea una epidemia, el mayor de los virus.

[1] Una escalera es una invención didáctica de los docentes de matemáticas, con la cual se realizaban divisiones y multiplicaciones de una manera practica.

[2] Folleto: Autores Latinoamericanos de literatura Infantil y Juvenil. Comfenalco. 2000

[3] Para Freire la conciencia del inacabamiento es saber que somos seres incompletos y que este inacabamiento creó lo que llamamos la educabilidad del ser.

[4] FREIRE, Paulo. El Grito Manso. Pág. 21. ed. Siglo XXI

Imagenes tomadas de:


Reflexión inconclusa sobre poetas y poesía

Para ser poeta sólo basta un esfero y cualquier superficie que acepte las palabras que expulsan la mente, el alma y el corazón, así éste último sólo sea un órgano; Ser poeta es estar siempre en la actividad reflexiva de la escritura, el poeta es alguien que no muere, desaparece por un tiempo, y lo hace porque la saudade lo aboca al silencio humano, los poetas son ciudadanos del mundo como dicen muchos, Nietzsche dice que los poetas mienten demasiado, pero un poeta no tiene porque decir la verdad, más que la suya propia y no la de los otros, así estos últimos se identifiquen con un segmento de palabras proferidas por el tacto lírico de él, son ciudadanos del mundo porque su nacionalidad es la palabra, la palabra del alma, de la cotidianidad humana, la palabra soñada, un poeta es un ser político porque no comparte la injusticia social y su dogma se funda bajo la palabra libertad.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado frente a nosotros mismos, en un diálogo de sentimientos contra realidades? ¿Cuántas veces el alma ha discutido con la mente y no ha podido transcribir palabra alguna porque nuestros dedos tropiezan con la gramática de la respiración y la gramática de los convencionalismos culturales? ¿Cuántas veces nos hemos quedado en silencio porque al poeta lo quieren callar? ¿Cuántas veces el poeta tiene que fingir los dolores de la existencia para poder entender la existencia misma? dice Pessoa: “El poeta es un fingidor que finge constantemente, que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente. Y, en el dolor que han leído (…)”, Octavio Paz afirma la existencia del poeta desde la búsqueda en el otro “Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia.”

¿Qué es un poeta? Un poeta es una idea, una utopía, un sin sabor de palabras, un cantor, un poeta no es un hombre, no es una mujer, es una palabra, la reencarnación de un significado artificial de la naturaleza tangible, que parece real, un poeta es una voz, un sonido que viaja en el aire, es una idea de humanidad, una idea política para liberar las almas inquietas, para metaforizar el diálogo entre iguales, un poeta es un sueño que no se recuerda, es una pregunta por la existencia sometida al dolor, un poeta no es el que habla de amor, más que del amor por el saber de sí, el poeta es un psicoanalista que no conoce a Freud, a Lacan o a Jung, un poeta es un matemático que no juega a los algoritmos sino a la lógica de la palabra, porque entre su fines no está el explicar la vida de manera racional, un poeta es un científico porque es un niño, que juega a vivir. Un poeta es un fotógrafo, que toma imágenes monocromáticas verbales en su lienzo de papel, un artista plástico que moldea las consonantes y las vocales para darles un cuerpo imperecedero.

Por ello un poema es una galería de imágenes, de representaciones mentales, de deseos de infancia, de forclusiones edípicas y eléctricas, un poema es sólo una idea de libertad que se esconde bajo palabras tenues, metáforas que todos entienden según sus estados de ánimo.

Que las palabras sólo sean cada una de las palabras que son y no más allá de lo que quieren significar, que la palabra sea poesía en el diálogo cotidiano entre los hombres y mujeres con lo demás, que la palabra sea respiración de árbol y hojas que caen en el otoño así en mi país las estaciones sólo sean dos, que la palabra sea el arma para acabar con el dolor social y sea sólo poesía, que el poeta hable, así lo quieran callar o fusilar. Que no mueran las ideas y que perdure la verdad del alma.