El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Somos carne

A Jonathan Cadavid Marín, quien pintó la carne…

Somos carne, dijo un viejo amigo con su pintura, somos carne en la mañana, al medio día y en la noche, somos carne toda la vida y casi toda la muerte.

Al mirarme en el espejo sólo veo a un hombre cansado de áspera barba, de verdes ojos, tal vez azules; veo a un hombre que se levanta todos los días a la misma hora; que se levanta con la misma necesidad de seguir respirando de cuando era niño… En ese espejo veo un manojo de sueños infantiles que aún no se han cumplido, una cantidad infinita de utopías construidas tras cada habitar por el mundo, al menos el fragmento de mundo en el que ha gozado hasta este día.

Somos carne, recuerdo frente a mí y pienso en los diez mil trecientos veintitrés días que he vivido bajo el sol y sobre la luna, en esas noches de infinita paciencia cuando las palabras no inundan el papel de verbos conjugados y sustantivos adheridos a la piel y mucho menos a mis manos, con letras deseosas de formar el poema. Recuerdo el silencio del devenir de los días, porque creo que la vida es un devenir de causalidades y de días, que en su conjunto hacen parte de un silencio más profundo, más íntimo, más sincero; la vida misma.

Me miro en ese espejo y repito frente a mí: somos carne porque hemos de morir. Porque nuestra entrañas son tan carroñeras como la tierra. Porque amamos las banalidades de otros hombres, semejantes a nosotros y seducidos por el afán del dinero. Porque somos objetos de nosotros mismos y de los otros y viceversa. Porque no recordamos nuestros sueños luego de abrir los ojos en las mañanas. Porque no hay placer más grande que el de la carne expuesta sobre las sábanas donde los hombres y las mujeres se devoran entre sí, creyendo inventar el amor. Porque todos los días derrochamos la vida en cada parpadeo. Porque Baudelaire entendió que después del último suspiro sólo somos una carroña ponzoñosa que emana hedores bajo el sol y frente a la vida de los otros. Porque somos vida y destrucción.

Somos carne, repito una y otra vez… Somos carne… Somos carne… porque le tememos a la muerte y comulgamos con ella y la amamos y la buscamos entre nuestros días. Porque nos gusta el aroma del formol y el de la hierba húmeda. Porque servimos nuestro corazón en bandeja de plata para que otros coman de él. Porque perdemos la infancia en un abrir y cerrar de los días. Porque somos carne desde el nacimiento; carne que crece, carne que muere, carne que se pudre entre los matorrales del silencio y del olvido, carne que no deja más recuerdo que él de una imagen difusa por el tiempo.

Somos carne, dijo un viejo amigo, porque algún día hemos de morir y porque el lugar del alma es la carne que, también, desaparecerá en el momento mismo en el que vivimos la muerte… Somos carne y nada más…

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4 Respuestas a “Somos carne

  1. Luisa Fernanda Cuartas Castrillon 16 julio, 2013 en 1:55 am

    No conocía la profundidad de tu escritura. Fíjate, nada más, en estos días leía un poema sobre la vejez, a la que tanto pretendemos huirle a veces los que tenemos la carne joven.

    Gracias por compartirme tan sentidas palabras!

  2. Alberto Capa 14 julio, 2013 en 12:35 am

    Palpita carne,palpita,revuélcate bajo el sol,por que solo así excretaras ese Hediondo olor a dios.

  3. frank 13 julio, 2013 en 2:43 am

    Excelente. Mis respetos al escritor de tan maravillosa obra de arte

  4. Angela Lucia Cano Gonzalez 13 julio, 2013 en 2:20 am

    sobrino me gusta esto es duro pero real

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