El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

El corsé rosa de satén (De la serie Ficciones fotográficas)

Ella entró, se desvistió y enrolló su cabello. Sus senos al desnudo daban la impresión de que la gravedad no ejercía bien su labor. Se miró al espejo y sus ojos recorrieron suavemente, centímetro a centímetro, su propia geografía. El tiempo corría, como siempre lo hace, y ella aún no se decidía a salir del tocador. Finalmente, luego de varios minutos de estar mirándose, de reconocerse y conocerse, porque nunca antes se había observado tan completamente en un espejo, decidió salir.

Parada en ese cuarto, con el frío que implica estar desnuda en un lugar desconocido y a la espera de un desconocido, pensó que él deseaba verla desnuda completamente pero no encontró a nadie allí, al menos eso creyó por un momento. Una voz, que salió del interior de otro cuarto aledaño a ése, le indicó que se pusiera el corsé rosa de satén que estaba sobre el sillón, justo al lado del tocador del que ella había salido hace unos segundos. Lo tomó entre sus brazos y lo miro fijamente, un poco aturdida por la orden, pues pensaba que era su cuerpo joven lo que a él le interesaba ver y, posiblemente, tocar.

Sin decir una sola palabra, salvo por el gesto de su rostro sorprendido que él no logró ver, se puso el corsé y lo apretó lo suficiente como para encubrir y expresar, finamente, su figura delgada, además de realzar un poco más sus puntiagudos senos. Mientras miraba la forma como el cinto adornaba su cuerpo escuchó la voz de hace un rato, un poco más cerca de ella, que le indicó que se sentara en el banquillo que había frente a la pared blanca, mirando a esa pared. Sin más reparos así lo hizo.

Mientras ella esperaba a que algo ocurriera, sintió que él se acercó un poco, sonrió por un instante; lo que duró el rubor de su rostro frente a quien la observaba, pero él no la estaba mirando. Él tomó las cintas que pendían del corsé y las haló fuertemente, luego las dejó caer gradualmente sobre el banquillo. Ella no se movió. Él le indicó que se tomara de las manos y que, sin soltarlas, levantara los codos a la altura de los hombros y que, además, inclinara la cabeza y se mirara los pies por entre los brazos. Unos segundos después un par de destellos logró asustarla.

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Sobre la fotografía:

Horts P. Hosts. Weissenfels (Alemania), 1906-Palm Beach, Florida (EE UU), 1999.
Corsé rosa de satén de Mainbocher, 1939. Gelatinobromuro.

Sobre la serie “Ficciones fotográficas”

Esta serie pretende recrear una ficción narrativa a partir de fotografías ícono de la historia de la fotografía. Las imágenes expuestas en esta serie pertenecen a los archivos de los dueños y son presentadas sin ánimo de lucro. Los textos son propiedad de El noctívago.

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4 Respuestas a “El corsé rosa de satén (De la serie Ficciones fotográficas)

  1. Estefania Arenas 11 enero, 2012 en 4:34 am

    Realmente logra transportarnos a la escena relatada y a la fotografía. Muy buena.

  2. Luz Adriana 4 enero, 2012 en 10:55 pm

    encantadora la foto y el texto…

  3. manuela 4 enero, 2012 en 5:59 pm

    muy bueno!!!!

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