El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

El amor es un bolero con sabor a ron envejecido y a tabaco en la boca

… el amor es una palabra,
un pedacito de utopía,
es todo eso y mucho menos
y mucho más/ es una isla
una borrasca/ un lago quieto…

Mario Benedetti

Comienza la noche. Una cerveza en mi mano para iniciar el ritual de los pensamientos que no son muchos y no trascienden a ciertas preocupaciones humanas. Un cigarrillo en la otra mano acompaña el ritmo de mi respiración. Estamos, en esta mesa para cuatro, tres sillas vacías que no esperan a nadie y mi cuerpo pesado. Mi sombrero, al igual que mi mochila y mi agenda de viaje, genera un caos para el mesero quien trata de encontrar un espacio sobre la mesa para depositar un pequeño recipiente lleno de pasabocas y golosinas.

En la mesa del frente un par de muchachos juegan a la guerra; no a la misma a la que juegan nuestros gobernantes sino a la que juegan los enamorados. Se miran con un odio plagado de ternuras, de amores y decepciones. Ella mueve sus labios rojos y almidonados en un ademán de reproche, mientras en sus ojos comienzan a dibujarse las lágrimas que, inmediatamente, detiene con uno de sus índices. Él permanece en silencio, sin mirarle a los ojos, asumiendo la culpa de la ira que ella siente. Ella enciende un cigarrillo para calmar su ansiedad. Los dos callan por un instante quizá, prolongado para ellos, por lo incómodo de la situación, pero bastante corto para mí que los observo, sin ser advertido aún.

Al mirarlos se dibujaba en mi mente la eterna pregunta por el amor; qué es. Con la cerveza en la mano y en la otra un esfero logro escribir en mi libreta de apuntes: “El amor es parecido al deseo o a la necesidad de una cerveza cuando hace calor y la garganta está seca”. Nunca he logrado entender esa idea de que el amor sea un sentimiento porque no sé, a ciencia cierta, qué es eso de los sentimientos. Muchas veces he pensado en el amor como una utopía más, como una invención de los hombres y de las mujeres para sentirse tristes o alegres, como la excusa perfecta para compartir la soledad de un otro y olvidar la propia.

Alguna vez un respetado y admirado amigo me contó que a él le dijeron: “el amor no es un sentimiento sino una pasión”. Idea que me emocionó y que, hasta el momento, creo compartir y les diré por qué. Nuestros ilustres catedráticos de la Real Academia de la Lengua Española han definido, en una acepción inicial, a la pasión como el acto de padecer, seguidamente estos mismo señores manifiestan que padecer significa “sentir física y corporalmente un daño, un dolor, enfermedad, pena o castigo”. Miro nuevamente lo que escribí y pienso: “entonces no es desear o necesitar un trago de cerveza, es todo aquello que me hace desear tener una cerveza en la mano; es la sequia de la garganta producida por el calor o por la falta de líquido mientras el sol anuncia la aridez de los cuerpos bajo su mandato, es el recuerdo de la amarga sensación de la cebada que en un tiempo atrás calmó la sed momentáneamente, es la sed misma”, es decir, el amor es, tal vez, un padecimiento y por lo tanto no es un sentimiento sino un cúmulo de sentimientos que nos llevan al anhelo de algo, de ahí que no sea fácil definir dicha pasión porque cada sujeto anhela algo diferente de ese otro que, posiblemente, encarna dicho deseo.

Luego de escribir esto pienso en el poema de Raúl Gómez Jattín titulado “canción de amor sincero” donde él jura que habrá tristezas, problemas y discusiones, que él mirará a otras mujeres (así como muchos de nosotros lo hacemos) pero también es veraz al decir que ella mirará a otros hombres. Jattín también jura allí que ella no será su todo, ni su cielo, ni su única razón de vivir aunque la extrañe a veces. Raúl entendía que eso a lo que llaman amor no es, necesariamente, un encadenamiento físico, espiritual y moral a un otro (como muchos piensan y quieren creer) sino, quizás, un acto de contrición, de silencios prolongados y de padecimientos compartidos. Por otro lado Jaime Sabines manifiesta en uno de sus poemas que: “(…) todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro.” Sabines, posiblemente, hace alusión al juego del desdibujamiento de ese otro al que se dice “amar”, pero no al otro como sujeto deseado y “amado” sino a lo que representa para quien dibuja y revierte dicho proceso.

Para Roberto Juarroz el amor es, posiblemente, eso que es y no es o que puede ser pero que deja de ser. Él dice: “Un amor más allá del amor, por encima del rito del vínculo, más allá del juego siniestro de la soledad y de la compañía. (…) Un amor para estar juntos o para no estarlo pero también para todas las posiciones intermedias. Un amor como abrir los ojos. Y quizá también como cerrarlos.” Un amor que lo es todo y es nada y está siempre presente y ausente. De ahí que concuerde esto con lo expresado por Oliverio Girondo quien dice que “¡Todo era amor… amor! / No había nada más que amor.” Y si es cierto que el amor es una pasión, un padecimiento, entonces la vida entera, con su devenir y placeres humanos, es posiblemente puro amor.

Los muchachos de la mesa del frente han dejado de combatir, ahora comparten una copa de vino tinto, ya no se miran con el primer odio que identifiqué en sus miradas, sino con el amor que los llevó a esa desazón, ya se abrazan y juegan a los enamorados. Yo termino mi cerveza y dejo la cusca del cigarrillo sobre el cenicero lleno de cenizas y de otras cuscas consumidas. Recojo mi sombrero, pago la cuenta y antes de seguir caminando escribo “El amor es un bolero con sabor a ron envejecido y a tabaco en la boca”

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2 Respuestas a “El amor es un bolero con sabor a ron envejecido y a tabaco en la boca

  1. César Alzate Vargas 7 noviembre, 2011 en 6:53 pm

    Bonita reflexión. Bien escrita, cosa que el lector agradece en estos tiempos en que la gente que escribe no sabe escribir. Y llena de razones en las que se puede creer, aunque uno no esté de acuerdo con todo lo que plantea.

    • elnoctivago 8 noviembre, 2011 en 1:05 am

      Respetado César Alzate

      Gracias por pasar y leer, es un honor para mí. Me ha interesado mucho aprender a escribir y este blog es mi ejercicio de escritura. Agradezco que usted piense que este texto está bien escrito y la verdad el merito no es sólo mío porque casi siempre alguien me ayuda con ciertas correcciones gramaticales que aún no domino, los cuales espero superar con el tiempo.
      Un abrazo y éxitos siempre.

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