El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Mientras llueve

Había dejado de llover; la lluvia había dejado de ocultar hombres en las laderas de los montes y en las cercanías a las riveras de los ríos. Cuando no había llegado aún la continua precipitación de agua, la guerra entre las ideologías (si es que a eso se le puede llamar ideologías) sepultaba hombres en la espesura de las selvas y de los bosques tropicales.

Cuando llegó la lluvia, los medios de comunicación dejaron de hablar de lo absurdo de la guerra y comenzaron a retratar la miseria que ha provocado el movimiento de la tierra en las altas planicies, pobladas por el fenómeno del desplazamiento y el desarraigo, además del hundimiento de las ciudades y los pueblos que, con el tiempo, han cambiado el cauce de los ríos.

Había dejado de llover y los amantes desenredaban sus piernas y sus lenguas en un afán por salir del hastío del cuerpo, el hastío de los mismos cuerpos y los mismos fluidos y las mismas palabras y los mismos amores que se habían amado sin reparos, antes de que llegara la lluvia.

Cuando llegó la lluvia, el frio del cuerpo fue el pretexto para los abrazos curiosos y para el amor sincero, para la espeleología y el montañismo en la anatomía humana.

Había dejado de llover y los pichones, que ya no lo eran tanto, intentaban aprender a volar mientras se golpeaban contra árboles, edificios de concreto y suelos asfaltados, tras cada aleteo de sus alas atrofiadas por lo extenso del invierno.

Cuando llegó la lluvia, miles de aves empollaban sus huevos sobre los tejados de la ciudad, otros aún lo hacían en las copas de los árboles de los bosques no tan vírgenes y no tan verdes. La lluvia fue el pretexto para la reproducción y para el descanso innecesario de sus extremidades.

Había dejado de llover y los niños que nacieron cerca del sol, al interior de casas con techos de cartón, salían a jugar por los estrechos caminos que formaron sus pasos y los de sus padres cuando llegaron y sentaron raíces, pero ya no había caminos; sólo había pequeños ríos que buscaban recuperar su cauce.

Cuando llegó la lluvia, muchos niños lloraban porque posiblemente alguien tendría que morir, otros simplemente guardaban en silencio y dormían calzados por si tenían que salir corriendo cuesta abajo antes de que el agua los arrojara al vacio y al silencio.

Había dejado de llover porque muchos lo soñaron así, aunque el pronóstico dijera que sólo saldría el sol por una semana. Había dejado de llover pero la tierra seguía asesinando hombres antes de que la guerra de los hombres comenzara a desaparecerlos, antes de que la tregua terminara.

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Una respuesta a “Mientras llueve

  1. Viviana 22 mayo, 2011 en 2:45 am

    Cada día me gustan mas tus escritos y las cosas que dejas aqui… q buen espacio, me liberas el alma de tanta presion y angustia….

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