El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Imágenes fragmentadas de una manifestación

(En los predios de la universidad de Antioquia, Mayo de 2010)

“La era está pariendo un corazón,
no puede más, se muere de dolor
y hay que acudir corriendo
pues se cae el porvenir
en cualquier selva del mundo,
en cualquier calle”

Silvio Rodríguez


Una capucha roja, una capucha negra, algunas grises, manos alzadas gritando rebelión, palabras ahogadas por las múltiples explosiones no consecutivas de las “papa bomba” arrojadas a la policía nacional quienes se disfrazan de robots y se esconden en escudos traslucidos que los resguardan de cada piedra arrojada por estudiantes o capuchos. ¡Hijueputas!… ¡Hijueputas!… gritan los estudiantes. Inmóviles los “Smad” sólo esperan a que las tanquetas antimotines hagan la represión con chorros de agua, mientras amenazan con ingresar. Es una lucha entre hombres, entre ideologías y necesidades, entre lo particular y lo plural; unos son representados por la piedra y por el fuego, los otros por el agua y por el aire contaminado de gases asfixiantes, unos son los estudiantes animados por los capuchos, otros se hacen llamar el orden y la ley. Es una lucha totémica por la emancipación del pensamiento y por la multiplicidad, una lucha contra el padre devorador que se cree omnipotente y único pero que no da la cara y no asume su “equivoca humanidad”.

¡Asesinos!… ¡Militares y paramilitares son lo mismo!… Gritan los estudiantes y los capuchos. Los ánimos exaltados, la adrenalina controlando la conciencia para nivelarla con la inconsciencia, para que las piedras se conviertan en la palabra no escuchada donde el corazón, lleno de materia gris, los representa.

Carlos y Antonio tienen piedras en sus manos, al igual que muchos, y los ojos los tienen puestos en los uniformados que están sobre el puente peatonal; María, Mónica y Daniela hacen cantos y rondas juguetonas que excitan la voz de muchos observadores quienes repiten al unísono pequeñas arengas políticas; algunas absurdas, otras divertidas y unas cuantas un tanto complejas. José y Alberto están en la entrada y, en compañía de otros, se tapan el rostro porque saben que si no lo hacen podría desaparecer a través de la mirada del otro que nunca los escucha. En sus manos soportan el explosivo que representa su lucha.

Los manifestantes, estudiantes o capuchos, se han abalanzado contra la tanqueta como si estuvieran cazando a un mamut; intentan penetrar su corteza con rudimentarias herramientas: piedras, palos de madera y cuanta cosa que pueda ser arrojada por ellos. Las bombas molotov apenas generan un escozor sobre el vehículo que esparce agua sobre sí para apagar el fuego.

Jorge besa apasionadamente a Lucia en medio de la plazoleta Barrientos. Lucia tiene miedo, desde muy chica le ha temido al sonido de las explosiones, ha despreciado cualquier tipo de barbarie, cualquier tipo de violencia, para ella la vida es sagrada sea del animal que sea y este evento en los predios universitarios le parece absurdo y sin fundamento, ella constantemente asegura que la lucha es desde la academia y no desde la portería donde el argumento es la agresión verbal y donde las discusiones son pedazos de piedras arrojados entre personas marcadas por algún discurso político.

La biblioteca está a oscuras, las oficinas han sido desalojadas por el temor, las clases, como de costumbre, se han suspendido, la animalidad del hombre ha despertado de nuevo, las cafeterías y fotocopiadoras están cerradas, lo único que permanece, sin alteración alguna, es el humo que se respira en la zonas deportivas de la Universidad: el aeropuerto, allí sólo llegan los que buscan tranquilidad, los que no quieren seguir el juego de la guerra y la desesperación, los que quieren soñar, los que se quieren trabar, porque la marihuana les ha mostrado que no es necesario matar a un hombre, que no es necesario adherirse a una ideología, que no es necesario ni fundamental buscar la libertad en otros hombres, porque la yerba los liberó, aunque los Colombianos conservadores sigan estigmatizando al marihuanero (de forma generalizada) que sólo quiere paz.

Muchos estudiantes, profesores y entes administrativos han salido de la Universidad porque nos les interesa lo que suceda en la portería de Barranquilla, unos cuantos siguen de cerca la “piñata” y apoyan con sus cantos a los capuchos y a los no capuchos, otros permanecen alejados de la “fiesta” preparando algún examen, estudiando un poco para invertir bien el tiempo porque saben que tienen que ser los mejores para poder optimizar sus condiciones de vida y las de sus familia, los que se quedan lo hacen por pasión, por curiosidad, algunos lo hacen sólo por tener algo que contar.

¡Hijueputas!… ¡Hijueputas!… siguen gritando los estudiantes, ¡Respeto y dignidad es lo que queremos!. Ya van tres heridos porque los “Smad” disparan sus gases directo a la cabeza de cada manifestante, porque ellos, que se hacen llamar la ley y el orden, no respetan la diversidad y mucho menos a la vida, porque no les interesa saber a quién están disparando, porque para ellos todos somos iguales, porque ellos han etiquetado al estudiante de la universidad pública como guerrillero, sabiendo que al estudiante lo moviliza la inconformidad y el pensamiento y al guerrillero de hoy, por lo menos en mi país, lo convoca el dinero del narcotráfico.

Han pasado tres horas de enfrentamientos, de agotamiento, de cansancio. ¡Un último avance y nos vamos!… es lo que dicen entre ellos. Los gases lacrimógenos asfixian a los manifestantes y a los observadores, disipan momentáneamente a la turba embravecida y cansada, que retoma el ataque con las piedras más próximas y con un par de petardos anuncian el final de la jornada. Aunque nunca he entendido el concepto de guerra popular que manejan los encapuchados de las universidades públicas, este día algo que dijeron a todo pulmón me emocionó por primera vez, esto no quiere decir que yo me vaya a encapuchar, porque yo creo al igual que Lucia que la lucha es desde la academia, pero también siento que es necesario salir a marchar cuando es requerido y que es necesario protestar cuando el estado quiere homogenizar nuestros pensamientos y aprisionar nuestras almas bajo conductas predecibles, porque creo que el comportamiento de los hombres debe responde a conductas caóticas, es decir: conductas no predecibles, sin patrones ni estándares de comportamiento; eso es libertad y por eso es por lo que hay que luchar.

Reunidos, los pocos que quedábamos, seguro que éramos más de doscientos, escuchábamos que gritaban los capuchos: ¡Ustedes deben ser los mejores estudiantes para poder defender está mierda!… Y yo lo creo así, ese último grito generó un eco en mi silencio, un escozor en mi lengua y una necesidad enorme de ser el mejor y de nunca callar mi pensamiento ante un otro que intentará minimizarlo…por eso escribo hoy esta fragmentación de imágenes de una manifestación, sucedida, en la Universidad de Antioquia en época de coyuntura electoral.

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Una respuesta a “Imágenes fragmentadas de una manifestación

  1. Karito 20 octubre, 2011 en 8:06 pm

    Es un espacio al que me he acercado gracias a un especialisimo amigo al que adoro y se lo agradezco en el alma porque me encanta!!… Mi egy.

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