El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Intermitencias

Es cierto que en silencio los pensamientos suelen ser más pesados mientras el alma trata de hablar, pero como no conocemos su lenguaje, sus palabras sólo son un susurro en las entrañas.

Son aproximadamente las seis de la tarde y miles de transeúntes han pasado ya por mi lado, unas cuantas miradas se han clavado en la mía y muchos cuerpos he poseído ya desde la imaginación. En mis manos queda el recuerdo de su sexo (en el que me hubiera gustado esconderme de toda realidad), lo sé porque su aroma aún sigue allí, después de aquella tarde de locura juvenil. Recuerdo que salimos de la librería donde constantemente eran nuestros encuentros, yo era un comprador compulsivo de libros, sólo eso, porque de cuatro que compraba sólo me devoraba la mitad de uno, y de los otros conseguía información para poder hablar de ellos o recomendarlos. Esa tarde no hablamos ni nos miramos, caminábamos sin destino alguno, sin ruta y sin parada, adonde nos llevara el camino, ella me llevaba de la mano por momentos, luego era mi turno. Cruzamos puentes, grandes extensiones de tierra no habitada pero erosionada por el tiempo y por el hombre, infinidad de vehículos pasaron por nuestro lado, la verdad no tenia nada que decirle salvo una cosa, pero no sabía como hacerlo y no era la primera vez que lo hubiera hecho, solo dejé que el camino nos llevara a donde conducía y ya, eso es todo.

Los ojos de Lucia:

Eran las seis y algunos minutos, y tengo una necesidad enorme de encontrarme con Simeón, hace años que nos vemos y siempre lo hacemos a escondidas, en el mismo lugar donde sólo nos conocemos él y yo, hoy he pensado mucho en él y en la manera de nuestros encuentros, en la forma de sus besos y en el sabor de su cuerpo. Sé que tengo mucho por decirle y lo quiero hacer, llevo mas de dos horas buscando que ponerme y sólo me he decidido por la ropa interior que a él le gusta, creo que al final me pondré lo primero que saqué del closet.

Las palabras de Simeón y el ritmo de Lucia

Son las cuatro de la tarde y mientras la espero no puedo dejar de escribir, es como si todo lo que alguna vez quise decirle a cada una de las mujeres con las que llegué a tener alguna relación, saliera de una manera imparable, como una náusea que surge no del estomago sino del alma, como esa agonía que hace que el cuerpo se paralice y se mueva torpemente mientras el corazón bombea a gran velocidad, como si estuviera en una maratón, Lucia era una mujer hermosa inalcanzable dirían muchos, estatura promedio, senos hermosos como si señalara con sus pezones el punto exacto en donde se encuentra la piedra filosofal, podría jurar que se movían al compás del saxofón de Charlie Parker o a la velocidad de la trompeta de Miles Davis aun que ella no los hubiera escuchado nunca. Cuando caminaba era como sentir que los caprichos de Paganini te recorrían el cuerpo, mientras ella con una mirada te devoraba fugazmente. No diré como la conocí, porque la verdad no lo recuerdo. Ha pasado ya una hora y de mis manos salieron mas de veinte páginas de palabras guardadas y sueños olvidados. Hoy es un día extraño.

Entre lucia y Simeón

Llegué por fin a la librería, en una mesita veo a lo lejos a Simeón clavado como un ente escribiendo algo, y es raro porque siempre esta con algún libro, y hoy sólo tiene su agenda, un café y su esfero en la mano, ¿será que esta trabajando? me asusta verlo a distancia, pero mas me asusta cuando estoy en sus brazos, son tan fuertes que me siento protegida, tan llena y extasiada, me gusta su aroma mientras retozo en su pecho y sus brazos me anclan en él, como si quisiera que me hundiera allí hasta llegar a su corazón para quedarme encerrada.

Mientras lucia se acerca a Simeón la tarde parecía sentir un gran estremecimiento, un gran revolcón, una tarde roja, aire frío que conduce a la pasión de los cuerpos que se atraen y se contraen a cada pálpito de la respiración. Simeón escribía como loco, palabras que no recordaba luego de escritas pero que hacían parte de algún recuerdo, no se, de pronto la descripción física de cada una de las mujeres a las que amo, o pensaba en ellas mientras veía que todas eran Lucia y cada palabra era una voz menos que ella escucharía hoy. Su café ya estaba frío y la luz un poco difícil para unos ojos cansados.

-Hola Simeón espero no haberme demorado mucho

-No lo has hecho, ¿como estas?, ¡te ves muy linda hoy¡ y ¿ese aroma?

Simeón sentía que su propio cuerpo adquiría una existencia diferente, y que simplemente deseaba estar dentro de Lucia, ser uno de sus riñones o un pulmón, talvez se conformaba con ser una neurona de las próximas en morir, pero no quería ser su corazón.

-Espérame recojo las cosas y nos vamos.

-Ok no hay problema.

Simeón recogió su agenda, su esfero y se tomó lo que restaba del café helado porque se lo habían llevado hacia más de media hora. Se detuvo un instante, observo a Lucia que esperaba con la mirada puesta en las vitrinas de la librería, y seguidamente termino de empacar. Caminaron hasta no poder mas, Lucia con tantas cosas por decirle no pronunció palabra alguna en el camino, y Simeón por su parte tampoco lo hizo, como si la agenda le hubiera robado todas las vocales y consonantes que debía combinar en el momento, caminaron tanto que sus cuerpos no podían mas, ambos se sentaron en una sillita al costado del camino por donde no pasaba nadie. Esa noche (porque ya era de noche cuando se detuvieron) sólo sus pieles hablaron, se desnudaron y mientras Simeón tocaba un nocturno de Chopin entre los labio y el sexo de Lucia, entre su piel y sus ojos –los de ella-, y amedrentaba sus nalgas y bebía de sus senos, ella simplemente con su cuerpo entero lo devoraba como si fuera el ultimo alimento del que dispondría para existir un tiempo mas. El silencio lo fue todo y sin más se escucho unas breves palabras que cercenan a uno y calcinan al otro, pero así debía ser.

Han pasado muchos años y sólo el recuerdo de Lucia esta en las manos de Simeón, que la recuerda cada que pide una jarra de cerveza y el Ratón de Cheo Feliciano, y de Lucia se sabe que murió a los pocos días en medio de un enfrentamiento entre las fuerzas armas y las insurgentes, cuando se disponía a hacer la curación de uno de los heridos de este enfrentamiento.

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