El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

El tren

Serie fotográfica: EL TREN
Fotógrafo: Johnny Alberto Cano Corrales
Técnica: Fotografía digital con filtro Naranja en 80
Cámara: FUJIFILM – Finepix S1500
Propuesta: Poesía Visual
Texto: Benjamín Quintanilla

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Gran animal adormecido, eslabón de vapor que transportó a más de tres mil muertos desde Macondo hasta el mar. Animal feroz que de un grito salvaje atravesó la selva. Juguete férreo de dios, construido por manos de hombres para su diversión. Reptil que fecundó con sus pueblos a las montañas ávidas de libertad, que llegó al mar, que se escondió en las selvas y buscó oasis en los desiertos. Hijo de la revolución industrial, heredero del olvido y del sueño inestable de progreso. Histórico animal sin corazón, sin fluido sanguíneo ni respiración. Emigrante sin estación, sin tiempo…

**

Atravesaste el mundo y reinventaste la lógica del pensamiento para esculpir tu propia tumba, para llegar a la herrumbre y a la soledad. De tu nombre sólo queda un silencio puro, la descalcificación de tus apéndices abandonados en el viejo taller en donde fuiste creado, en donde tus pulmones tomaron el aliento necesario para ir hasta el extremo del mundo.

***

En tus entrañas diste al poeta el abrigo silencioso de tu digestión, el sueño delirante y la caricia de mil ojos sobre la brisa del bosque. Enseñaste a los amantes otro amor y otro corazón. Mezclaste a los hombres en cada viaje: al poeta lo convertiste en amante, en mendigo, en dios, a dios los transmutaste en niños de diferente color, a los amantes les cediste el placer del vuelo, el aleteo de la mariposa y el polen de la respiración entre las bocas que no son bocas sino tibias madrigueras en el rincón de tus huesos, al maquinista le otorgaste el titulo de héroe mítico, a Ulises le ayudaste en la búsqueda de Ítaca y cuando te abandonó en el camino ya no era Ulises, sólo era el maquinista, era el poeta, era dios convertido en niños de colores que habían robado el sueño de los amantes, a la madre la hiciste hija de nuevo y semilla en el vientre de un amor comprado. Te convertiste en dios y a dios lo convertiste en niños de colores, en ladrón y en un tren de vapor.

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