El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

El Corazón; ese cliché de los enamorados

Siento que el corazón es ingrato y acumula tumbas en la juventud que luego olvida. Al principio las riega de amor, de besos, de lágrimas, de flores. Y luego de indiferencia.

Gonzalo Arango


A Ángela Uribe por generarme la inquietud sobre el corazón. Y a Laura María por ayudarme a desentrañar mi corazón.

Existe una palabra, más que un órgano humano es una palabra que caracteriza cualquier estado de ánimo con sólo ser llevada en una oración gramatical: el corazón. Yo lo llamo el coleccionista de pulsiones porque cada pulsión depende del hombre o de la mujer que lo lleve puesto, porque representan una sensación, un pensamiento, un dolor, representan incluso a la naturaleza misma del alma. El corazón ese cliché del amor y de los enamorados, vocablo y profesión de los cardiólogos, tinta de los poetas, guitarra de los cantores y pasión del dramaturgo sobre las tablas, no digo de todos, sólo de algunos.

Ese corazón delator de ruido sordo, ahogado y continuo, semejante al producido por el tic-tac de un reloj envuelto en algodones[1] tiene una relación intrínseca con la razón, con el otro y con el amor que se limitan al inferir absurdo de dos personas formando una sola razón, una co-razón. Co tiene como acepción la del prefijo que significa reunión y coetáneo, y la razón está ligada al orden, al entendimiento y a los argumentos.

La co-razón puede ser ese orden sincrónico, ese saber argumentativo que se elabora entre pares, quizá el amor de los enamorados, cuna de lo irracional, y el desamor que les produce el tiempo ¿Qué diferencia pueden albergar el corazón y la co-razón? A simple vista sería una diferencia gramatical o lingüística, pero creo que su diferencia está en el uso, es decir: el primero es el órgano que galopa entre los ojos y la sangre y la segunda es el sentimiento que nace entre las pieles, entre los ojos, entre los sexos y las voces, y que, convencionalmente, se representa y se nombra con el órgano de pulsiones: el corazón. Ambos son el juicio y el afecto y juntos son un absurdo lógico e inmaterial.

Es muy común escuchar expresiones como: Te amo –o te quiero- con el …, me duele el …, me flechaste el …, me has partido el …, eres mi corazón (en otras palabras sería: ambos somos una co-razón) etc. Son frases que continuamente fortalecen ese cliché discursivo de los amantes. El corazón ha dejado de ser un órgano vital para ser la muletilla articuladora entre las palabras, el alma y los sentimientos entre personas. Constantemente hacemos alusión a la co-razón pero preferimos, por comodidad, hablar del corazón como si ambos fueran lo mismo, claro está que uno de ellos representa lo material y el otro lo inmaterial.

Desde lo literario ha sido usado como adjetivo e incluso como sustantivo para referirse no al órgano sino a lugares, a sentimientos y a caracterizaciones de espacios y momentos que evocan, a mí parecer, altos grados de nostalgia, incluso se le ha dado una vida independiente del resto del cuerpo humano, por ejemplo: El corazón necesita ausencias para alimentar el deseo[2] dice Gonzalo Arango, William Blake afirma que el corazón es lo único patético del ser humano, pues la cabeza es sublime y los genitales encierran la belleza[3], de igual forma Blake caracteriza a la crueldad al decir que ésta tiene corazón humano[4], en la novela de Joseph Conrad, el corazón de las tinieblas, Kurtz al ser alejado de la selva grita con fervor: Todavía te arrancaré el corazón[5]. En la literatura nos encontraremos con grandes expresiones que convocan a este filatelista de pulsiones a una existencia única y que le otorgan una vida disímil a la del resto de los organismo, es como si éste pudiera vivir por sí solo, lo mismo le ocurre en la música, en el cine, en el arte, entre otros, su significación ha trascendido y se ha pluralizado.

Corazón en silencio es muerte.
Corazón que simulas
el andar de un potro encabritado en la sabana;
orgasmo de pieles en las sábanas [6].

La sístole y la diástole procesan el amor y el odio, además de otros sentimientos en el tránsito de estos dos. Setenta veces por minuto habla el corazón, a veces más a veces menos, empieza bajo tierra, pero acaba en tus labios y en los míos dice Juarroz. No quiero un galopar sin rumbo, ni una bomba de tiempo en mi caja torácica, no quiero un sabor amargo ni la necesidad de otro palpitar, aunque este último sea inevitable, sólo quiero un bandoneón solitario al compás de cada latir, un bongó rítmico que me aboque a la vida, a la verdadera vida, que mi pulsión sanguínea no se confunda con mi tánatos pero que sí se mezcle con el sentir de un saxofón sobre el cuerpo desnudo de una mujer amante.

Corazón coraza[7], ya no eres tú, ya no eres lo que la creación y el nacimiento te delegaron en el primer latido, ya eres más que toda tu naturaleza, eres verbo y amor, eres sexo y dolor, eres el centro de la selva más virgen y la muletilla del amor insomne, eres la excusa del cariño y el cliché de los enamorados.

Referentes bibliográficos
[1] E. A. Poe. El corazón delator
[2] G. Arango. Medellín a solas contigo
[3] W. Blake. Proverbios del infierno
[4] W. Blake. Una Imagen divina.
[5] Joseph Conrad. El corazon de las tienieblas.
[6] Benjamín Quintanilla. El corazón galopante
[7] M. Benedetti.Corazón coraza

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Una respuesta a “El Corazón; ese cliché de los enamorados

  1. Dani Alvarez 27 enero, 2013 en 5:40 pm

    EXELENTE TEXTO!!! no hay mas que decir…

    Me encanto =D

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