El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Humanidad en llamas

Cámara: Panasonic DMC – LS80
Iluminación: Luz de velas
Propuesta: Poesía Visual
Fotógrafo: Johnny Alberto Cano Corrales

La humanidad en llamas está compuesta por varios objetos y un poema, estos objetos son: los libros, el cuerpo humano (fragmentado en sus grandes representantes), las velas, el humo y algunos elementos de la naturaleza exterior a la humana (rosas, semillas, troncos de madera, arena, etc.) el poema es: Velas de Constantino Kavafis.

Velas

Los días del futuro están delante de nosotros
como una hilera de velas encendidas

-velas doradas, cálidas, y vivas.

Quedan atrás los días ya pasados,
una triste línea de velas apagadas;
las más cercanas aún despiden humo,
velas frías, derretidas, y dobladas.

No quiero verlas; sus formas me apenan,
y me apena recordar su luz primera.
Miro adelante mis velas encendidas.

No quiero volverme, para no verlas y temblar,
cuán rápido la línea oscura crece,
cuán rápido aumentan las velas apagadas.

La significación de los elementos que reúne esta serie fotográfica, puede tener múltiples interpretaciones en un orden diferente al convencional acá expuesto. Los libros representan al tiempo a la construcción de una historia, de una memoria que perdura hasta la extinción del mismo, los libros como cada hombre que se construye por el lenguaje y las palabras que lo introducen en la cultura. El cuerpo Humano como ese material táctil, tangible que nos otorga una existencia, una representación “real” a la visión humana.

El cuerpo humano fragmentado en: las manos que son esa extensión inconclusa de los ojos, que pueden crear, destruir pero que también pueden preservar. Los pies son esas raíces que no encontraron alimento en el interior del planeta, separando al humano abruptamente de la tierra y del barro del que fue creado, durante miles de años de evolución, son a la vez una idea de autonomía e individualidad.

El abdomen femenino que esconde a la piedra filosofal, donde la vida es motivada a la existencia corporal. El abdomen que es ese representante de sensualidad, de goce y de placer. La boca que pronuncia palabras, reflejos mentales, expiaciones de culpa, que dispara vocablos inconclusos y asesinatos gramaticales. Los elementos de la naturaleza son sólo para recordar que ella siempre está desde el principio hasta el fin.

Todos estos elementos reunidos bajo la luz de las velas; velas encendidas porque son la vida misma. Cuando una vela agota su llama es seguro que el tiempo pasa, y no queremos recordar ni pensar en que, el tiempo también se acaba. Porque no somos más que Memoria calcinada, humanidad en llamas.

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