El noctívago

Cine, fotografía y literatura. No somos expertos pero lo disfrutamos

Catarsis de iniciación literaria: Un pretexto para pensar la literatura infantil y juvenil

Los buenos libros son las mejores razones para leer

Harold Bloom

“Los cuentos pasaron a ser lectura de niños y mayores
y yo creó que ésa es la meta a que debe aspirar todo narrador de cuento”

Hans Christian Andersen

“Lo que quiero decir es que la educación es una cosa muy necesaria,
pero la literatura es realmente imprescindible”

Fernando Savater

Cuando era niño el acercamiento más directo que tuve con la literatura fue desde el libro: “Cuentos picarescos para niños de América Latina”, y llegué a él, no porque un adulto lo pusiera en mis manos, no porque la escuela lo propusiera en la lista de los textos a seguir; llegó a mis manos, porque la curiosidad que tenía era enorme, como la de cualquier niño, me gustaron sus ilustraciones sencillas, llamativas desde el color hasta la forma que tenían. Cuando este libro llegó a mis manos tenía cinco años, y apenas leía mi nombre y conocía la historia de “Rin Rin Renacuajo”, algunos cuentos de los hermanos Grimm y otros de Hans Christian Andersen. Lo encontré mientras buscaba entre los cuadernos de mi hermano unas hojas limpias y unos crayones con que dibujar; lo tomé en mis manos y como un pequeño ladrón me lo guardé.

Cuando ya tenía algunas nociones del abecedario y sus posibles combinaciones, emprendí el viaje hacia la lectura de este libro que atesoraba, como lo hacía con un par de canicas y un pequeño automóvil de fórmula uno con el que ganaba siempre que competía con Benjamín, Juan Ángel y María, mis amigos imaginarios, con este libro aprendí a tomar “sopa de piedras”, a escuchar como lo hacía “El tío conejo”, aprendí también que la semana tiene siete días y el último día es el “domingo siete”, en fin; no diré que gracias a este libro me convertí en buen lector, porque la verdad soy de los lectores descuidados, pero disfruto de las lecturas que hago.
Algunos años después, ya dominaba la lectura como cualquier niño de nueve años, ya me dedicaba a los video juegos, ya pensaba en tener novia aunque no supiera que significaba ese término, pues no conocía el amor más que el materno, ya resolvía ecuaciones aritméticas y dividía por tres cifras o resolvía escaleras [1], ya era todo un atleta, aunque nunca ganara las competencias.

En toda esta explosión de habilidades y destrezas seguía soñando, lo hacía porque aún leía, porque mi mayor hobby era visitar la biblioteca del barrio. Vivía entonces en una casa contigua a la calle principal por donde jugar era imposible, el flujo de carros era mortal hasta para un adulto. Todas las tardes después de hacer las tareas, le pedía permiso a mamá para ir a la biblioteca, ella me cruzaba la calle y me dejaba justo en la entrada de ésta.

Era pequeña y con una selección de libros muy puntuales, libros dedicados a las consultas que se nos imponían en la escuela y los libros divertidos eran pocos; mis favoritos eran los que estaban cargados de ilustraciones, tipo libro álbum. Era un seguidor de Mafalda y de las aventuras de Tintín, sé que estos no son considerados literatura, sino historietas, sin embargo, estos libros hacían que con el tiempo le tomara más cariño a la lectura.

Para los niños es quizá de gran importancia en sus primeros acercamientos a la literatura, los libros con gran cantidad de ilustraciones, libros coloridos que estimulen la visión, y de igual forma, la imaginación; así lo fue para mí.

Ahora se preguntarán: ¿A qué viene toda esta historia? La respuesta se da desde varias preguntas, las cuales no creo se puedan responder en este corto y pretencioso texto, pensemos entonces en ellas: ¿Cuál es la importancia de acercar a los niños a la lectura? ¿Cuál es la manera indicada de hacer de la lectura un hábito en los niños y jóvenes? ¿Cuáles son y no son los libros indicados para realizar un acercamiento a la literatura en ellos? ¿Cuál es la noción que tienen los niños y los jóvenes de los libros y la lectura?, podrían surgir una infinidad de preguntas al respecto, pero pensemos en esto: ¿A qué niño no le gusta una buena historia, una historia que lo lleve a soñar, a crear, a ser un actor más de ella e incluso que lo aboque a escribir su propia historia?

El primer acercamiento que tienen los niños con las historias, con los cuentos, viene desde el hogar, desde los viejos, desde los abuelos, desde los padres; no diré que en toda familia exista un contador de historias, pero en la mayoría de ellas hay, por lo menos, una persona que tiene mucho que contar.

Recordemos a Oscar Wilde quien en su bagaje de escritor era más reconocido por sus obras de teatro, novelas y relatos pero que mostró una gran pasión y revelo un excelente estilo literario en la serie de cuentos que escribió, los cuales se dice, fueron escritos para sus hijos y en los que hay impreso un rasgo biográfico, como es el caso de “El gigante egoísta”. Recordemos también la corta intervención de Julio Cortázar cuando escribió el “Discurso del oso” en 1952, que después fue incluido en el libro de Historia de Cronopios y de Famas, pensemos también en escritores que pensaron en la infancia y en la necesidad de ser leídos por un público más joven.

En Latinoamérica contamos con grandes autores que incursionaron en la literatura infantil como son: Rafael Pombo, José Martí “quien coloca a la literatura infantil al nivel de la mejor literatura de su época” [2], Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Carmen Lyra, Monteiro Lobato de quien se afirma es el iniciador de la literatura Infantil moderna en Brasil. Están también, Javier Villafañe con sus títeres, Marcela Paz y su hijo Pepelucho, Oscar Alfaro considerado el poeta de los niños, María Elena Walsh con quien se divide en dos la historia del arte para niños en su país.

Tenemos a Jairo Aníbal Niño quien se alejó de las artes plásticas para pensar en el teatro y la literatura infantil, recordemos también a Onelio Jorge Cardoso, a Ziraldo que se inició como escritor en la literatura infantil con su libro: “O menino maluquinho”, a Eisa Isabel Bornemann que se concibe como vocera de la infancia y como un despertador de conciencia en los adultos.

Ana María Machado, Lygia Bonjunga Nunes, Hernán Rodríguez Castelo, Marina Colasanti, Francisco Hinojosa, Gloria Cecilia Díaz, Ivar Da Coll e Irene Vasco.

Todos ellos son algunos de nuestros escritores latinoamericanos dedicados a contar historias a los más chicos; así como estos escritores encontraron su vocación, su redención y siguieron soñando compartiendo lo soñado con los niños e intentando que los jóvenes no olvidaran soñar por medio de sus textos e ilustraciones, por todo esto hagamos de la literatura una puerta de entrada que canalice toda esa curiosidad, esa inventiva de los más chicos para que puedan crear y pensar, y en esencia que la literatura genere curiosidad en los nuevos lectores, porque como lo dice Paulo Freire “la curiosidad es, junto con la conciencia del inacabamiento[3], el motor esencial del conocimiento[4]”.

Desde finales del siglo XX hasta estos días nos hemos encontrado con grandes ilustradores como Anthony Brown, Satoshi Kitamura, Tony Ross, David Mckee, Ian Falconer, entre otros y de grupos editoriales que tienen un amplio catálogo en literatura infantil y juvenil, tales como: Fondo de Cultura Económica de México, Editorial Norma, Alfaguara, OQO, Editorial Kalandraka, Everest internacional y muchas otras; también contamos con programas, proyectos e instituciones en Colombia que trabajan promoviendo la lectura, como: Comfenalco Antioquia (fomento de la lectura), Corporación Casa de las palabras, Corporación Rafael Pombo, Espantapájaros taller, fundación Ratón de biblioteca, Fundalectura, Taller de Letras, proyecto palabras para contar, entre otros.

En esta era las posibilidades de hacer que los niños se acerquen a la lectura son enormes, en mi infancia fueron pocas y se limitaban al puente que se construía entre las escuelas y las bibliotecas populares donde el material bibliográfico, en su mayoría, era de consulta general.

Que no existan pretextos para escuchar que los niños no están leyendo, que no están explotando su curiosidad y sus sueños, que no están imaginando y formando el pensamiento, que los adultos no se escuden detrás de los medios de comunicación (que están siendo mal empleados) para fomentar la lectura, sino que se conviertan en orientadores en el proceso de encuentro entre los libros, los niños y jóvenes y que los libros lleguen a las manos de éstos y que la lectura sea una epidemia, el mayor de los virus.

[1] Una escalera es una invención didáctica de los docentes de matemáticas, con la cual se realizaban divisiones y multiplicaciones de una manera practica.

[2] Folleto: Autores Latinoamericanos de literatura Infantil y Juvenil. Comfenalco. 2000

[3] Para Freire la conciencia del inacabamiento es saber que somos seres incompletos y que este inacabamiento creó lo que llamamos la educabilidad del ser.

[4] FREIRE, Paulo. El Grito Manso. Pág. 21. ed. Siglo XXI

Imagenes tomadas de:


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